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25 de mayo de 1810

Un virrey para el Río de la Plata
Habían transcurrido más de doscientos años desde la instalación de los españoles en América. El rey de España decidió que había llegado el momento de controlar mejor sus extensas posesiones y sacar mayores beneficios de ellas. Para lograrlo, debía mejorar la administración, agilizar el comercio y defender más enérgicamente estas tierras ante al acecho de otros reinos europeos.

La zona del Río de La Plata preocupaba particularmente al monarca. Era una puerta que no estaba bien asegurada: por ella, no sólo podía escapar de mucha riqueza; también podían entrar extraños. Para defenderla, entonces, se debería dar a Buenos Aires la importancia que merecía.

La creación de un nuevo virreinato
Hasta fines del siglo XVII, Buenos Aires había crecido muy lentamente. Alejada de Lima y de las principales rutas comerciales de la colonia, debió recurrir al contrabando para poder exportar cueros —su riqueza más importante
y conseguir lo necesario para la vida cotidiana. Gracias a este tipo de comercio, Buenos Aires dejaba de ser la ciudad pequeña y pobre de principios de la época colonial.

El contrabando disgustaba a España porque con él perdía parte de los beneficios económicos de las colonias, que quedaban en manos de otras naciones europeas. Tampoco le gustaba a Lima. Sus comerciantes competían con los de Buenos Aires, no sólo por el destino de la plata de Potosí, sino que también por el control de los mercados que constituían las poblaciones del Alto Perú (actualmente Bolivia), del Paraguay y de las regiones interiores de Argentina.

Además, muchos barcos de otros reinos europeos (ingleses, franceses y portugueses) merodeaban la zona y esto preocupaba al rey. Fundamentalmente, le molestaban los portugueses que, avanzando desde Brasil hacia el interior del territorio que correspondía a España, habían fundado, en 1680, la ciudad de Colonia del Sacramento, frente a las costas de Buenos Aires. Las autoridades de Lima estaban demasiado lejos para defender para defender el río de La Plata en caso de que fuera necesario.

En el año 1776, el rey decidió crear el Virreinato del Río de la Plata. El nuevo virreinato reunía las gobernaciones del Paraguay, del Río de La Plata, de Tucumán, la región de Cuyo, el Alto Perú y la banda Oriental (Uruguay). La ciudad de Buenos Aires se convirtió en la capital del nuevo virreinato, el lugar de residencia del virrey y de los otros funcionarios llegados de España.

1810: revolución en Buenos Aires
La prisión del rey Fernando VII y el avance de las tropas francesas en España repercutieron en el ambiente político de Buenos Aires. Unos pensaban que había que aprovechar la prisión del rey para liberarse de España. Otros pensaban que era suficiente eliminar los privilegios de los españoles y poder comerciar libremente.

El 14 de mayo de 1810 llegó una noticia que agravó la tensión entre españoles y criollos en Buenos Aires: había caído el último foco de resistencia en España y, de este modo, el poder de los franceses sobre todas las posesiones españoles podía imponerse en un futuro inmediato. Desde este momento, fue casa vez mayor la importancia de las decisiones tomadas por los americanos. La noticia ganó la calle. El virrey estaba seguro de que causaría conmoción sobre los inquietos criollos... Y no se equivocaba.

El 18 de mayo, para llevar la tranquilidad a la población, el virrey Cisneros emitió un bando en el que se decía que los últimos sucesos no alteraban la situación de las posesiones españolas en América. Esto no conformó ni a los criollos ni a los jefes de las milicias que los apoyaban. De inmediato, exigieron al virrey que convocara a un Cabildo Abierto.

El día 22 de mayo, se reunió el Cabildo abierto. De los 450 invitados sólo asistieron 251. Después de una larga discusión, los representantes resolvieron que el mando de virrey debía cesar. Correspondería al cabildo decidir quién o quiénes lo reemplazarían.

El 24 de mayo, el cabildo eligió una junta que, para sorpresa y disgusto de los criollos, las milicias y el pueblo, era presidido por Cisneros. Renació así el clima de agitación. Para evitar problemas mayores, esta junta renunció.

En la mañana del 25 de mayo, numerosas personas se reunieron en la plaza de la ciudad. El grupo de los criollos que decía representar al pueblo, presentó al cabildo una lista con las personas que debían integrar la nueva junta. El cabildo aceptó la propuesta, y nació así el primer gobierno patrio de la Argentina: la Junta Provisional Gubernativa (la Primera Junta), que quedó integrada por:

Cargo Nombre Ocupación
Presidente Cornelio Saavedra Militar
Secretarios Mariano Moreno Abogado
Juan José Paso Abogado
Vocales Juan José Castelli Abogado
Manuel Belgrano Abogado
Miguel de Azcuénaga Militar
Manuel Alberti Sacerdote
Domingo Matheu Comerciante
Manuel Larrea Comerciante

 

 
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