| TURISMO | |||
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Miles de turistas llegan al CUSCO para seguir la ruta utilizada por los CHASQUIS. Las montañas sólo se dignan a observar a los aventureros que se atreven a adentrarse en ellas. Desde la explanada nuestros ojos admiran la belleza hecha construcción: Machu Picchu. El complejo se abre glorioso entre las viejas montañas, ganandole terreno a la naturaleza y al tiempo. Los miles de turistas que llegaron desde Cusco, procedentes de muchos lugares, no pueden evitar lanzar un grito. Los menos osados (y quizás los más cuerdos) tomaron el tren en la estación de San Pedro, durante una madrugada serrana, fría e imperdonable. Después de cuatro horas de viaje, en esta modalidad, se llega al pequeño pueblo de Aguas Calientes, llamado acertadamente "La Torre de Babel Andina". En sus alrededores podemos escuchar muchos idiomas y ver conjugarse diversas razas. El trayecto a la ciudadela se reduce a apenas 15 minutos de subida en ómnibus. En cambio, loa "mochileros", es decir, los intrépidos que están dispuestos a buscar en las piedras la fusión del cosmos con la energía del alma, nos bajamos en el kilometro 104 (cerca de Sayajmarca). El propósito, iniciar una caminata de dos días(20 kilometros aproximadamente). El reencuentro con el mundo, con los Andes y con el ombligo poderoso del misticismo incaico se hace más latente cuando comenzamos a cruzar los rieles ferroviarios. Empezamos a confundirnos con la vegetación voluptuosa de la ceja de selva. Sólo en ese momento nos damos cuenta de que el Valle Sagrado de los Incas (a 2.400 metros sobre el nivel del mar) nos ha bendecido. El camino comienza llano y silencioso, rodeado por orquídeas y mariposas que nos recuerdan el ingreso a un territorio desconocido para los principiantes, e inconfundible para los experimentados. Después de una hora de interminable lucha entre el cansancio y el espíritu aventurero, llegamos al parador de descanso. Una tenue llovizna nos obliga a continuar y sin darnos cuenta el ambiente se transforma: las escaleras incas con peldaños de 30 centímetros de alto se imponen a nuestros debilitados pies que imploran piedad. Seguimos subiendo y nos aproximamos a Wiñay Wayna, un lugar donde dormiremos al paso, antes de llegar a Machu Picchu. Angelo
Nuñez Diaz |
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